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Lámparas de bajo consumo

El consumo de energía eléctrica es sin dudas un factor determinante del gasto familiar, por lo que encontrar alternativas para reducirlo se hace imprescindible. Haciendo clic en el siguiente enlace podrás obtener información sobre cómo ahorrar electricidad pero este artículo refiere específicamente a las lámparas de bajo consumo, que pueden llegar a ser grandes aliadas para gastar menos luz.

Las primeras lámparas de bajo consumo salieron al mercado en los primeros años de la década de 1980 y eran conocidas en aquel entonces como “lámparas compactas fluorescentes” (o CFL por su siglas en inglés), un lujo para unos pocos debido a su precio, por cierto. Actualmente siguen teniendo un valor más alto que las bombillas comunes pero, haciendo un cálculo costo-beneficio, la inversión vale la pena.

Dependiendo del lugar del mundo donde se hable de ellas las lámparas de bajo consumo son llamadas: “lámparas ahorradoras de energía”, “lámparas de luz fría”, “bombillas de bajo consumo”, “bombillo ahorrador”, “ampolleta fluorescente”, entre otros nombres.

Son varias las ventajas que ofrecen las lámparas de bajo consumo con respecto a sus pares las lámparas incandescentes. Por un lado, tienen una vida útil mayor (alrededor de ocho mil horas contra casi dos mil de las bombillas comunes) y, por otro lado consumen menos energía eléctrica (como su nombre lo indica)

El mercado de las lámparas de bajo consumo ha crecido mucho en los últimos años, dando paso a la aparición de nuevos modelos con los que se pueden satisfacer todas las necesidades de los usuarios: existen lámparas con color “blanco cálido” o “blanco suave”, que son las que imitan el “amarillo” de las lámparas incandescentes, además de las que dan una luz “blanca”. En ambos casos, pueden ser del tipo frío o cálido.

Haciendo clic en el siguiente enlace podrás acceder a una tabla comparativa de potencia eléctrica entre lámparas incandescentes y lámparas de bajo consumo.